26.2.03

De la cuantificación de la Molancia

Es dificil cuantificar la molancia con numeros cardinales, ordinales o primos, pues mientras que algunos de ellos molan, como el ocho, otros apestan, como es el caso del 12, un numero de claras resonancias hebreas. Por ello, la molancia sólo se puede medir en guarismos que contengan al menos una cantidad de garbo igual o mayor al número P (de pintiparado), un molaritmo neperiano equivalente a diez mil arrobas de chopped al cuadrado por segundo elevadas a la enésima potencia.

La arroba chopped al cuadrado por segundo, o @C2/S, es la cantidad de chopped en lonchas cuadradas que una persona (noten que no gente) necesita ingerir por vía oral para molar de forma supina al menos durante un segundo.

Con todo, la unidad de molancia no deja de ser una convención, y como tal, peca de cierto reduccionismo. Algunos miembros del cenáculo imbuidos por ínfulas pseudocintificas pomposas aunque comprensibles, se han manifestado en los últimos tiempos con pancartas y todo, a favor del establecimiento de una unidad alternativa de molancia, la "arroba de mandarina en el sentido húngaro de la palabra por semana", o @MdH/Sem. Tal unidad, que mide la cantidad de mandarinas a despachar a lo largo de una semana para molar de forma supina los fines de semana, no ha sido aún aceptada oficialmente por el cenáculo, aunque se permite su uso en día impares que empiecen por letra palatal.

25.2.03

De la molancia

La molancia es una fuerza irreductible, garbosa y sandunguera que desde el principio de los días (tras la gran explosión de molancia) ha surcado cada
recodo del universo con fuerza inusitada expandíendose de modo exponencial.

La molancia, por supuesto, tiene también un némesis, y este es la apestancia o pavisosez, esa fuerza traicionera, proterva y nada salerosa que, entre otras cosas, provoca que la_gente prefiera mitificar a Jennifer López que a nuestro pope James Coburn, y también que bailen salsa sin rubor hasta la extenuación en locales carentes de refinamiento.

La apestancia se nutre de la casposidad indomeñable de la_gente, y es por ello que la_gente es en si misma apestancia o pavisosez.

El Cenáculo de la Molancia, en su calidad de adalid y defensor a ultranza de la integridad moral y el donaire, esto es, de la molancia, denigra con verbo inflamado y pose peliculera, todo aquello que huela o tenga trazas de oler a la_gente, y en consecuencia, repasa a diario el diccionario María Moliner como medio de marcar fronteras prosódicas y sintácticas con ella y así poder reducirla moralmente mediante la palabra en noches de molancia supina.